Nos saludó embarcados ya en las naos
de metálicas sergas, sobre el áureo
ponto, en la
isla morada,
áulicos moradores y pequeños volátiles
constructores de cóncavo calado.
Luego, cerramos los suaves párpados
y los tripulantes nos confiamos al
raudo sueño
de raudas farolas.